Por: Enrique Acosta

En los últimos años Colombia ha estado marcada por una crisis caracterizada por la desaceleración económica que encontró su clímax en la pandemia del COVID 19 a partir del 2020, y que puso de manifiesto, al igual que en el resto del mundo, la debilidad de los sistemas sanitarios, que en el caso de Colombia estaban privatizados al igual que el resto de la vida social. ¿Qué se espera para las elecciones presidenciales?

Pero, en Colombia esto ha sido aún más grave, pues la crisis social y económica tiene una expresión militar, el conflicto social y armado de más de medio siglo, que intentó encontrar una salida pacífica con la firma del acuerdo de la Habana en el 2017, pero que fue traicionado por el bloque de poder hegemónico.

Esta traición del Estado terminó lanzando un grupo de excombatientes a retomar las armas, desmovilizando militarmente a otros bien intencionados que aún presionan la implementación y que suman casi a diario las cifras de víctimas de la guerra sucia, y acomodando a una camarilla clientelista de la antigua comandancia que disfrutan de las mieles de una Pax Romana1.

Alternativo a la grave crisis económica, la traición a los acuerdos de paz firmados en el 2017 y la profundización en el 2020 y 2021 por la pandemia, se ha vivido en Colombia unos años de estallido social constante en las calles, que ni siquiera la represión policial o el miedo al contagio logró apagar. Este estallido social protagonizado por diversos sectores de la sociedad colombiana llenó las calles y carreteras de Colombia y se mostró con más fuerza durante el 2021.

Las manifestaciones fueron acompañadas de la más fuerte represión por parte del gobierno de Duque y de una guerra sucia que ha cobrado la vida de miles de líderes y liderezas sociales así como excombatientes firmantes del acuerdo de paz.

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Como era de esperarse, este estallido social que se tradujo en diversas movilizaciones y protestas, se ha moderado al acercarse las elecciones, el pragmatismo de la política ha sacrificado la protesta social por el cálculo en las urnas en la idea de no hacer ningún ruido que reste votos a la candidatura progresista del Pacto Histórico.

La sombra del paramilitarismo

Un elemento a tener en cuenta y que acompaña la caracterización de la actual coyuntura electoral es el papel del Clan del Golfo, estructuras paramilitares herederas de las antiguas Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que sacaron pecho a pocas semanas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

El Clan del Golfo, Clan Usuga, Urabeños o Autodefensas Gaitanistas, como también se les llama, decretó un paro que se extendió por casi una semana y que según las cifras más conservadoras, en 190 acciones armadas dejó al menos 8 muertos y 200 vehículos incinerados y tuvo en vilo a la población de 11 departamentos, paradójicamente la fuerza pública no reaccionó al paro.

La Defensoría del pueblo advierte, que, de los 521 municipios, al menos 290, el 55.66% (El Nuevo SIglo, 2022), están en riesgo extremo o alto por estas acciones de El Clan del Golfo2 , lo cual configura un escenario violento para el 29 de mayo, día de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Si bien el Clan del Golfo decreta el paro con el pretexto del apoyo a Otoniel, jefe paramilitar extraditado el pasado 4 de mayo a EEUU, la realidad es que es un paro ordenado desde el bloque de poder dominante como una muestra de fuerza y de coordinación de las estructuras paramilitares que profundizan su política de exterminio contra el pueblo y su expansión territorial a nivel nacional, regional y local.

Además, otro objetivo tiene el paro armado del clan del Golfo, lanzar una advertencia al reciente avancé de las fuerzas progresistas en la actual coyuntura electoral.

Las encuestas de cara a las elecciones en Colombia

Sin embargo, en este contexto a pocos días de las elecciones, las encuestas colocan como ganador, al menos en la primera vuelta, al candidato del Pacto Histórico Gustavo Petro, que independientemente del carácter revolucionario y/o reformista de su programa, representa el anhelo de transformación del pueblo colombiano.

Colombia: crisis socioeconómica y elecciones presidenciales

Fuente: (Inavamer, 2022) (CNC-SEMANA, 2022) (Silla Vacía, 2022)

Elaboración: propia

Lo sui generis de las elecciones en Colombia.

Pero, los procesos electorales en Colombia tienen una dinámica particular que aún con unas encuestas tan favorables no garantizan el triunfo, hay una tradición política mafiosa que ha mantenido la superioridad de las élites en las urnas, utilizando herramientas ilegales como el fraude electoral, la compra de votos, el clientelismo, la presión paramilitar y de bandas armadas mafiosas, entre otros método violentos.

Esto es posible toda vez que la mafia tiene a sus representantes en partidos políticos y en las instituciones del Estado, o más bien, porque las mafias capturaron los partidos políticos y gran parte de la institucionalidad estatal.

En el caso de la compra de votos y la presión armada, tiene un peso muy especial los grandes capitales que provienen de la ilegalidad, especialmente del narcotráfico y que aportan a las campañas electorales, comprando votos como si estos fueran otra mercancía más.

Es importante resaltar que el narcotráfico y las bandas criminales asociadas a éste, son una industria que opera en toda la cadena, desde el control del cultivo hasta la venta de la droga en EE.UU. y Europa, por lo que la industria tiene fuertes intereses materiales concretos, respecto al proceso electoral y la capacidad de ejercer su poder en el territorio usando ejércitos de mercenarios paramilitares.

Otro elemento a tener en cuenta muy vinculado al narcotráfico y el paramilitarismo es la configuración de un orden mafioso en las ciudades, que mantiene el control social en base a la venta de la seguridad a cuestas del pago de extorsiones y del negocio del prestamista que da créditos generalmente al 20% diario y que cobra con el arma en el cinto, esto ha consolidado ejércitos urbanos descentralizados pero con un alto poder de acción.

A este panorama se suma el apoyo descarado de la administración de Iván Duque que trasladará 6,5 billones de pesos, (1.600 millones de dólares) a contratistas electorales, más o menos unos 3.300 contratos suscritos, la mayoría en Antioquia, Córdoba, Nariño, Valle y Amazonas (El Colombiano, 2022), además de la entrega de la supervisión del reconteo y de otros procesos electorales al FBI, que es como poner al ratón a cuidar el queso (www.rcnradio.com, 2021), esto le da liquidez a las maquinarias electorales que compran votos y a su vez imposibilita la transparencia del proceso electoral.

Las contradicciones en el panorama electoral

Con todo, el fenómeno al que nos enfrentamos en estas elecciones es inédito en la historia política en Colombia, el ascenso de la coalición del Pacto Histórico ha puesto de manifiesto la actual debilidad del sector más fascista del bloque de poder dominante, que no se decidía a pocos meses de qué candidato apoyar y termina colocando sus apuestas en un personaje mediocre y vinculado a las bandas criminales de Medellín como Federico Gutiérrez, que se ha vendido en otras parte del mundo como consultor de seguridad urbana colocando a la ciudad de Medellín como un modelo a seguir.

Por otra parte, nunca antes hubo un apoyo popular tan masivo a una candidatura como la de Gustavo Petro y Francia Márquez, unas candidaturas emergidas del clamor popular de cambio desde la izquierda.

Sin embargo, la coalición que se cuece al interior del Pacto Histórico no es monolítica, lo que muchos ven como una ventaja que suma apoyos, en la práctica genera contradicciones a futuro, pues en la coalición se encuentran desde la izquierda representada en el Partido Comunista de Colombia (PCC) y el Partido Comunista de Colombia Marxista Leninista (PCML), pasando por lo que quedó del partido de las FARC actual Comunes, el Polo Democratico Alternativo y el Congreso de los Pueblos, liberales y verdes, entre otros, hasta personajes de liberalismo progresista como Armando Benedetti.

Pero más allá de sectores del liberalismo progre, irrumpe el santismo en cabeza de Alfonso Prada, en una posición privilegiada como jefe de debate de Petro.

No serán pocas las tensiones a la que se verá sometida una futura presidencia de Petro debido a los acuerdos y el acercamiento de sectores manifiestamente de derechas como el santismo, bien porque estos sectores de derecha piensan que es mejor negociar antes de enfrentarse a una derrota segura por parte del Pacto Histórico, o bien porque hay una ruptura al interior del bloque de poder dominante que ve desgastado el proyecto de extrema derecha del uribismo y le apuesta a la candidatura progresista de Petro.

Sea como sea, este apoyo de la derecha en el futuro le implicarán un costo político en los sectores populares, fundamentalmente porque las alianzas le exigirán la entrega de los aspectos más radicales de su programa político, esto en detrimento de las expectativas del pueblo.

El peso de Juan Manuel Santos en un futuro gobierno de Petro serán la garantía de que el Petrismo, incluso sus sectores más radicales, no traspasaran las líneas rojas del bloque de poder dominante, representadas fundamentalmente en el modelo económico y en la doctrina de Seguridad y Defensa que está a la base del proyecto contrainsurgente en Colombia.

Algunos aspectos del programa de Petro

Ahora bien, en lo que se refiere a las propuestas, los candidatos del Pacto Histórico en materia internacional proponen que Colombia empiece un diálogo con EE.UU. que aborde: El cambio climático, partiendo del reconocimiento de que el país del norte es el principal emisor de Co2 y que el Amazonas es el espacio que está absorbiendo la mayor cantidad de Co2 en el planeta, por lo que el diálogo debe ser sobre si se cuida o no al territorio en este sentido.

En lo que se refiere a las drogas se propone que se aborde el tema empezando por una evaluación de la política que Colombia y EE.UU. han implementado durante los últimos 40 años, a saber: fumigación, detención de cabecillas y extradición, una política que ve las drogas como un problema solo de seguridad y moral y que no aterriza en el carácter económico y sanitario.

Estas políticas tienen como resultado en el país norteamericano al menos 100.000 muertos por sobredosis sólo en el 2021, lo que implica un crecimiento del 28.5% respecto al 2020 (BBC News, 2021); y al menos 1.000.000 de muertos en América Latina desde 1980 hasta 2022.

Así como que Colombia sea el mayor exportador de cocaína del mundo concentrando el 70% de la producción según la información publicada por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), pero donde al país Colombia le queda sobre todo, violencia y ejércitos operados por mafias, las ganancias se concentran en los polos de acumulación.

Los datos dan cuenta de que el kilo del clorhidrato de cocaína cuesta $1.269, pero el precio en EE.UU. es de $32.000, 25.21 veces más; el precio en Europa es de $60.000, 47.28 veces más; y en Asia el precio es de $100.000, 78.80 veces más, es decir, el resultado de la política implementada es la consolidación y el crecimiento del poder de los grupos que operan en la industria.

En este sentido Petro propone retomar el acuerdo de sustitución de cultivos ilícitos que había planteado el gobierno de Santos con los campesinos cultivadores y que hacía parte de los compromisos adquiridos en el acuerdo de paz, profundizando este con una sustitución de tierras, es decir con la aplicación de una reforma agraria que resuelva el problema de la tenencia y uso de la tierra.

En esta propuesta que se propone tomar el problema desde la raíz, Petro está llamado a implementar el punto 1 del acuerdo de paz “Reforma Rural Integral” como elemento fundamental que está en los orígenes del conflicto en Colombia.

En materia de relaciones internacionales, Petro ha asomado la necesidad de restablecer las relaciones con Venezuela y Nicaragua.

Fuente y elaboración: (UNODC, 2021)

La paz es un punto bastante sensible sobre el que el programa deberá profundizar, sin embargo, se plantea un proceso de paz, empezando por un acuerdo de la sociedad que genere reformas que garanticen vivir en paz garantizando la justicia social, los derechos respecto al trabajo, la salud y la educación; y que retomen los acuerdos ya suscritos en la Habana con las FARC-EP y reanuden los protocolos para seguir con el proceso del acuerdo de Paz con el ELN.

Ahora bien, tras el fracaso y la traición de los acuerdos de paz y el aumento de la guerra sucia sobre todo en territorios rurales, un posible gobierno de Petro deberá diseñar propuestas de paz que logren salvar las desconfianzas de la insurgencia y no solo implemente el acuerdo ya firmado, sino que llene los vacíos que el acuerdo tenía.

Esta propuesta deberá también tomar en cuenta las prevenciones de la insurgencia con respecto a una entrega de armas o desmovilización debido a las experiencias en el acuerdo de la Habana.

En torno a la seguridad, se propone un cambio que empieza mudando la concepción de ésta, donde la premisa sea comprender las diversas causas del delito, entre ellas: la pobreza, marginalización de los obreros, obreras, campesinos y campesinas causada por la destrucción paulatina de la industria y la agricultura.

Resolver estos problemas estructurales facilitará la reducción del poder de las mafias; y generará cambios en las fuerzas de seguridad, entre otros, el desmonte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD); el fin del servicio militar obligatorio y la desmilitarización de la vida social; se propone también eliminar los fueros militares y fortalecer los procesos de investigación en la justicia militar .

La propuesta económica en tanto se centra en reactivar la industria: cumplir con el punto 1 del acuerdo sobre reforma agraria integral y acompañarlo con un proceso de asistencia técnica y sostenida que permita la modernización del agro, impulsando la producción agropecuaria

Se propone reducir el uso de energías fósiles cambiando la matriz energética, eliminar la minería a gran escala, realizar una reforma tributaria donde la carga impositiva tenga mayor peso sobre las 4.000 fortunas más grandes del país, sobre todo en los activos improductivos; y reducir la tasa de IVA al 16%.

Son importantes también las declaraciones que la candidatura ha hecho con respecto a la educación superior, donde ha propuesto la extensión en cobertura de la universidad pública con compra de privadas que no se puedan sostener y quieran vender, la inversión masiva en sedes universitarias, así como la condonación de los créditos del icetex.

Por otra parte, en lo social también ha prometido implementar un subsidio a madres cabeza de familia y adultos mayores sin pensión.

Como se puede ver, las propuestas de Petro frente a estos puntos, aunque son bastante moderadas y no comprometen los intereses del gran capital, son un gran paso frente a la grave situación de Colombia y no deja de ser una propuestas atractiva que acorta un poco la deuda social histórica, para un pueblo que ve en esta candidatura una salida a la larga crisis que se ha profundizado en los últimos años de la era Uribe

Por otra parte, quizá para el bloque de poder hegemónico, Petro significaría un cambio de estrategia y un reposicionamiento que les permita salir de la crisis interna con un rostro más amable y sin comprometer los grandes capitales.

Barajando posibles escenarios

Ahora bien, quisiéramos poder asegurar que este proceso electoral tendrá una alta participación, en un país donde el voto es opcional, los datos dicen que unos 20 millones de colombianos y colombianas ejercerán su derecho al voto este domingo 29 de mayo, sin embargo recordemos que la abstención más que mantenerse creció en las pasadas elecciones del 13 de marzo.

Por ello, los escenarios a pocos días de las elecciones todavía son inciertos, cabe la posibilidad de que Colombia nos sorprenda positivamente y Petro logré un 51% de los votos que le garanticen un triunfo en primera vuelta, este escenario, que se ha convertido en una consigna para la campaña, lo consideramos como poco probable dado los elementos que hemos esbozado anteriormente, entre otros que en las encuestas ningún candidato ha superado más del 40%.

El fraude electoral y el robo de las elecciones han marcado la historia política en Colombia y más que un escenario es una realidad con la que toca lidiar, ya el pasado 13 de marzo habían dejado de contar más de 1.5 millones de votos, las movidas del Estado en la registraduría, las contrataciones a dedo y el rol que cumplirá el FBI, parecen abonar el terreno para este escenario, donde el pueblo tendrá que defender su derecho acompañando el proceso hasta las últimas instancias ejerciendo la veeduría como testigos electorales, pero también con cualquier otra instancia de control y vigilancia popular.

Si bien, hace unos días los pronósticos apostaban a una segunda vuelta entre Federico Gutiérrez Y Petro, a pocos días de las elecciones otro escenario está ganando carrera y es que las apuestas del bloque hegemónico ya no estén por el candidato de la extrema derecha Federico Gutiérrez, y que los grupos de poder están cambiando su estrategia y redirigiendo su apoyo a Rodolfo Hernández.

Los últimos datos dan cuenta de que la distancia entre Gutiérrez y Hernández cada vez es más corta, esto le permitiría mayor maniobrar a Hernandez vendiéndose caro en una segunda vuelta, lo seguro es que los votos de Rodolfo Hernández irán contra Petro en la segunda vuelta, de no ser el mismo Hernández el que canalice los votos de la derecha en estos últimos días y pase a una segunda vuelta junto con Petro.

Un tercer escenario, quizá el más probable por ahora, es que la segunda vuelta este disputada por Petro y Gutiérrez, esto implica una segunda vuelta donde la derecha conservadora y mafiosa colombiana usará todas las herramienta de las que dispone para conservar el status quo y no dejar que Petro gane la presidencia, los temores y denuncias fundadas de un posible atentado a Gustavo Petro o Francia Marquez no se han hecho esperar.

En este orden de ideas, un magnicidio con el pueblo en resistencia en las calles es una salida radical de la extrema derecha, generaría un caos que le permitiría al gobierno de Duque decretar un estado de excepción que acabe con las pocas garantías constitucionales, en este posible escenario el rol de las Fuerzas Armadas es fundamental.

Las reciente profundización de los acuerdos donde Colombia fue oficializado como aliado Mayor Extra OTAN a pocos días de las elecciones, las reuniones del Ministerio de Defensa con los veteranos del ejército, las reuniones de generales y las movidas del actual jefe del ejército Colombiano General Enrique Zapateiro, representante claro del uribismo al interior de las Fuerzas Armadas, no descartan una salida militarista como la ejecución de un golpe de Estado ante la posible presidencia de Petro.

O en el menor de los casos poner a raya cualquier pretensión de reforma o cambio de doctrina en las fuerzas armadas que intente cambiar el orden contrainsurgente y el rol que le ha sido asignado militarmente a Colombia en la región

Lo cierto es que el posible triunfo de Petro antes de calmar las aguas profundizará la conflictividad sobre todo en los territorios rurales, pues la extrema derecha implementará su estrategia de ingobernabilidad, tanto en el congreso donde a pesar del avance significativo no supera los 40 senadores de 108 posibles, como en lo social donde la estrategia será la violencia contra el pueblo a través de las fuerzas de seguridad y el paramilitarismo.

Esto, a menos que los acuerdos con la derecha hagan lo suyo, lo que implicará como ya hemos dicho, fuertes concesiones programáticas y cargos de la estructura del Estado fundamentales para un verdadero cambio en la vida económica y social del país y donde el pueblo será perjudicado.

En el país de Mequíades3 El engaño, los artilugios y el horror han sido la constante, pero también el sueño y la magia son posibles, es Colombia la tierra de realismo mágico y de las posibilidades, el pueblo deberá estar preparado para cualquier escenario.

Bibliografía

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Márquez, G. G.

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1 Grupo que proviene de las Convivir de Urabá, del Bloque Elmer Cárdenas de las ACCU y su posterior conversión a las Autodefensas Unidas de Colombia AUC que fue la organización paramilitar con mayor expansión militar, vinculados a las elites colombianas, principalmente al sector terratenientes y las empresas de extracción minero-energética.

2 El término Pax Romana hace referencia a un periodo histórico de supuesta “estabilidad social y política” tanto interna como externa del Imperio Romano, este periodo de 206 años, entre el año 27 a. C. y el año 180 d. C, estuvo marcado por la pacificación a sangre y fuego, la herramienta fue el terror y el sometimiento de cientos de pueblos que se oponían a la expansión del imperio. Tuvo su final en el siglo III, cuando el imperio fue objeto de incursiones germanas por el norte y persas por el este.

3 Personaje que pone de manifiesto el esoterismo y la muerte en la obra de Gabriel García Marquez Cien Años de Soledad, se caracteriza por vender artilugios, llevar la Nueva Ciencia y conocer el otro lado de las cosas. José Arcadio, el patriarca de los Buendía, siempre se ve deslumbrado por los instrumentos novedosos que ofrece Melquiades, pero cada empeño de José Arcadio de llevar a Macondo a la modernidad termina en trágicas consecuencias para los Buendía y para Macondo.

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