Por: Pável Amarú

Después de meses de aumentos de contagios, incertidumbre económica, ansiedad y depresión como efecto paralizador de la pandemia, nos dimos cuenta que la cuarentena era casi como estar voluntariamente en una cárcel con ciertas comodidades, de la que solo los ricos tienen más posibilidad de salir.

Pandemia: fotografía de la desigualdad

El aumento exorbitante de casos Covid en Europa y Estados Unidos, obligó a las corporaciones farmacéuticas, hijas de estas civilizaciones modernas, a acelerar las investigaciones y ensayos para dar con una vacuna efectiva contra el virus.

Pues, la creación de la vacuna fue asumida como una oportunidad tanto para reafirmarse superiores ante las demás civilizaciones, como para cerrar contratos millonarios con los países más ricos para su inmunización. De hecho, vale mencionar el caso de la Astrazeneca desarrollada por la indú Serum Institute de la India y comprada por la Unión Europea a 2 dólares la dosis, mientras era ofrecida a Uganda en 7 dólares la dosis (Peña y Serafino, 2021).

Se trata de una política desigual para el acceso de estas vacunas por parte de las corporaciones que prioriza la acumulación de capital y por ende a los países que sean capaces de cumplir legal y financieramente sus condicionamientos. En el mes de febrero el 75% de las vacunas desarrolladas habían sido obtenidas por solo 10 países, mientras 130 países aún no habían obtenido al menos una dosis (UN, 2021).

 

Un salvavidas de ricos para ricos

Como sabemos el sector turístico y sus servicios conexos (como transporte aéreo, hotelería, comercios, atractivos naturales, históricos y culturales) fueron los primeros en ser paralizados a nivel mundial, como medida de prevención ante los contagios de Covid-19. Pero también ha sido el sector más golpeado a nivel económico, generando pérdidas de 2,4 billones de dólares en el 2020 según la ONU.

Es por esta razón que Estados Unidos, lejos de cumplir con la resolución del Consejo de los DDHH de la ONU, la cuál indica que el derecho a la vacuna debe ser universalmente equitativo, asequible y oportuno; busca revertir los números rojos en el sector turístico a costa de la necesidad e incertidumbre de los ricos americanizados (estilo de vida basado en el American dream) de Latinoamérica, capaces de costear un paquete turístico que puede alcanzar los 3 mil dólares por persona solo por vacunarse.

Como dicen en Venezuela “se juntó el hambre con las ganas de comer”. El gran excedente de vacunas que posee E. U es destinado a usarse como incentivo para reactivar económicamente al turismo y así promover también el retorno de la inversión en las vacunas, aprovechándose del miedo ante el contagio y de la necesidad generada en cuarentena de los más pudientes de realizar esa actividad, históricamente creada y desarrollada por los ricos de Europa llamada turismo.

En este paradójico contexto, en el cuál las sociedades de los países menos desarrollados (la mayoría) viven la cólera de no tener capacidad para contener en su totalidad los contagios; teniendo más de lo que necesitan, los países ricos y las corporaciones farmacéuticas prioriza el capital y la vida de pocos antes que la de muchos, develando así la racionalidad gregaria y racista de la modernidad.

Por lo tanto, queda demostrado que los ricos solo salvan a los ricos. El “llegadero” de la muerte al que el capitalismo conduce a la humanidad a través del discurso del progreso moderno, ha sido en pandemia, cada vez más visible en el horizonte de nuestro futuro.

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